¿Por qué no acertamos con los regalos de Navidad? 

Primero de todo espero que estéis pasando unas fiestas muy agradables y aprovechando estos días para desconectar (si es que eso un emprendedor, puede hacerlo). 

Hoy os vengo a hablar de la cantidad de gastos que tiene diciembre entre lotería, regalos de Navidad y comida, especialmente regalos.

De cómo la tradición nos viene condicionando a comprar cosas materiales para no “quedar mal”.

Según algunos medios de información (o desinformación, como dice mi amigo @Joaquín Mellado) el 71% de las personas finge estar encantada o encantado con sus regalos de Navidad.

De ese 71%, alrededor de un 40% se lo queda y alrededor de otro 40% lo devuelve, el otro porcentaje que falta no sabe o no contesta. 

Vamos, que la mayoría de las personas devolvería su regalo para comprarse algo que le gusta más, pero ¿por qué nos pasa esto? ¿Por qué no acertamos con los regalos?

Desde que dejamos de escribirle la carta a Papá Noel y los Reyes Magos y no tenemos un catálogo delante donde poder elegir lo que más nos llama la atención y apuntarlo a la lista de deseos, se nos hace bola eso de ser adivinos. 

Así que empezamos a pensar en ¿qué regalo llevar a mis padres?, ¿y a mis tíos?, ¿y a mis sobrinos?…

¿Debería de hacerle un regalo a Paquita?

A ver si se va a presentar con uno para mí y me quedo yo con cara de tonta. Mira, mejor le compro uno y yo me quedo tranquila (todo lo que aporte paz mental, bienvenido es). 

Este es el momento en el que fallamos.

Compramos regalos materiales sin tener ni idea de las necesidades o de los deseos que tienen esas personas en este momento

Cada uno vivimos en nuestra propia realidad, con nuestras propias creencias y nuestros deseos y nuestros problemas.

Cada uno en su movida, vamos. 

Así que compramos acorde a lo que nosotros creemos que podría gustarles y la mayoría de las veces lo justificamos racionalmente (en el neocórtex) con un “a mí me gustaría que me regalaran esto”.

¿Verdad?

Pero claro, cómo le vas a preguntar qué es lo que quiere, eso queda feo y la respuesta nos la sabemos:

“No. Yo nada, nada. No compres nada, no compres nada”.  

Pero siempre esperamos algo. ¿Verdad? 

Y es que esa cosa de recibir el regalo envuelto en un papel, tocarlo para intentar adivinar qué es, abrirlo (y aquí yo reconozco que soy de las que les gusta alargar el momento).

Esa ilusión mezclada con sorpresa, nos engancha.

Si era algo que deseabas y no te esperabas se te escapa una lagrimita, si no, pones tu mejor cara y entras en la fase de “a ver que hago yo ahora con esto”. 

Desde el año pasado, harta de recibir cosas que se me quedaban acumuladas en la estantería y en coherencia con mi objetivo de minimalismo material, es decir, reducir objetos materiales en mi vida (que eso ya os lo cuento otro día, si queréis) decidí volver a escribir la carta a Papá Noel (que los Reyes Magos para mí van muy lentos y luego no me da tiempo a jugar).

Empecé a comunicar lo buena niña que había sido y que me pedía el libro X o X cosa para Papá Noel (siempre Papá Noel).

El resultado obviamente ha sido buenísimo.

Han sido las dos mejores navidades en regalos materiales desde que Papá Noel me dejó una Mountain Bike en la puerta de mi casa en Barcelona cuando yo tenía unos cinco años. Creo que era alrededor del 93 o por ahí. 

El tío fue tan rápido que no me quedó más remedio que gritarle un “gracias Papá Noel” por las escaleras del rellano (emocionalmente intensa, os lo dije en el episodio 2).

Por eso este año os invito a que desde estas mismas navidades volváis a coger la preciosa tradición de escribir la carta (esta vez a los Reyes Magos).

Comunicad lo que os haría ilusión, lo que necesitáis, lo que queréis.

Y si no sabéis qué regalar vosotros: Yo elijo siempre tiempo, tiempo y experiencias, eso es lo único que jamás podremos recuperar y además nos hace crecer. 

Mira si es bueno, que no tiene ni garantía de devolución porque es que no le hace falta, y que levante la mano el que diga que el tiempo no es más valioso que un iPhone.

Espero que no haya levantado la mano mucha gente…

Me despido por aquí dándote las gracias por seguir aquí, por un año tan lleno de experiencias y gente tan maravillosa a mi alrededor. 

Mi deseo utópico de estas Navidades es que algún día aprendamos a valorar y a saber vivir con tiempo de calidad por encima de cualquier objeto material.

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